MATANDO EN EL NOMBRE DE DIOS

Matando en el nombre de Dios.

Por Nadia Cattan Jafif.

 

“Alá hu Akbar” es el grito que muchos inocentes a lo largo de la historia han escuchado antes de morir; muertes que para hoy poco importan, pues quedaron sepultadas bajo la pesada lápida de la historia. En el pasado antiguo, se han llevado a cabo terribles genocidios que han quedado en el olvido, provocando que descansen bajo el anonimato, millones de asesinos.

Hoy las cosas son distintas; hoy, gracias a los medios de comunicación nos convertimos en testigos de todo lo que vemos y todo lo que vivimos, somos testigos de lo malo y lo bueno, de nuestro entorno completo, y con esto, nos volvemos parte importante de cada acontecimiento. Somos la humanidad del siglo XXI y sabemos con seguridad que en el futuro, quedará registrada nuestra reacción sobre todo lo que pasa en el mundo; así que lo mínimo que podemos hacer es informarnos, pues ante tanta barbarie no sería justo voltear para otro lado. Empecemos, pues, por lo sencillo y tal vez logremos entender un poco del Islam y su terrible actual fanatismo.

El Islam surgió en el siglo VII, cuando un hombre llamado Mahoma se autoproclamó enviado de Dios. Nació en la Meca, Arabia Saudita, donde se vio obligado a huir debido a la persecución de los grupos politeístas que ahí vivían. El viaje de Mahoma y sus seguidores consistió en dirigirse 400 km al norte, llegaron a la ciudad de Medina con la misión de imponer la nueva religión. Este viaje es tan importante en la fe del Islam, que marcó el inició del calendario musulmán.

Lo que continúa, a grosso modo, es una vida sangrientamente militar, que pretendía, por medios pacíficos y no pacíficos, reunir adeptos para el Islam. Lucha que rindió frutos rápidamente, pues para cuando Mahoma murió en el año 632 d.e.c, toda la Península Arábiga ya había adoptado la nueva religión.

El Islam es la tercer religión monoteísta y es profundamente proselitista, es decir, desde sus inicios hasta hoy, busca imponer su religión. Su sector más ortodoxo busca lograr una completa unidad musulmana que se rija bajo las estrictas leyes de la sharia (leyes islámicas), así que ante los ojos del fanatismo, el objetivo esta claro, y matar en el nombre de Dios es el único camino.

A lo largo de la historia, los musulmanes no tienen la exclusividad en esto de perpetuar guerras santas; la Iglesia tiene en su expediente la Inquisición y las sangrientas Cruzadas, sin embargo, la civilización llegó trayendo necesarios valores universales, pero en el caso del fanatismo islámico parece que ningún tipo de civilización se pretende asomar, pues cuando la orden de matar infieles proviene de “mandato divino” no hay mucho que negociar.

Es una lástima que los distintos grupos extremistas no respeten el valor de la libertad, pues son las distintas religiones las que dan al mundo diversidad y riqueza cultural. Hoy es difícil creerlo, pero los musulmanes han dado a la humanidad importantes atribuciones, en la edad Media por ejemplo; crearon prestigiosos centros de estudio, la ciudad de Córdoba es testigo de ello, contribuyeron con avances en matemáticas, literatura y astronomía, desde los números arábigos hasta el ajedrez se lo debemos a ellos, es una lástima que el fanatismo, este provocando un retroceso.

Al interior de las más religiosas sociedades musulmanas las tragedias se viven a la orden del día; niñas mutiladas genitalmente, mujeres sin derechos y pobreza debido a los corruptos gobiernos. En los países más extremistas, se vive en un sistema político en donde el pecado religioso es un crimen que se castiga judicialmente.

La lista de los problemas que tienen como sociedad es larga, se puede decir, por ejemplo, que las personas más atropelladas en el mundo son las mujeres musulmanas, pues el uso obligatorio de la burka y otras prendas de recato les impide una buena visibilidad. Datos como estos hay muchos y nos hablan de una sociedad musulmana desigual, en donde hay una enorme carencia de civilización y de civilidad; una sociedad en donde hay fanáticos que toman la espada, pero también hay millones de musulmanes que son victimas de las circunstancias.

Meter las manos en este desastre de derechos humanos ha resultado inútil y hasta contraproducente; pues intervenir en un mundo de 1,300 millones de musulmanes que constantemente son incitados a asesinar es una tarea que nadie se quiere adjudicar; sin embargo, los atentados terroristas recientes nos gritan que ya estamos dentro de una guerra que no podemos ignorar; para ellos, esta guerra es la sagrada yihad y se enfrentan los infieles contra los “soldados de Dios”, mientras que para nosotros es la guerra entre la libertad y la opresión.

Resulta impresionante darse cuenta que vivamos esto en pleno siglo XXI, pero es una realidad que no se puede ignorar.

“Ala hu Akbar” significa “Dios es grande”, ojalá algún día los yihadistas comprendan que entre un asesinato y la grandeza de Dios, no existe la más mínima relación.

 

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