La revolución del Monoteísmo

La revolución del monoteísmo.

Por Nadia Cattan Jafif

 

Desde el hombre primitivo hasta el hombre moderno, el ser humano no ha parado de avanzar. Las ideas son el timón que da rumbo, mientras que las acciones van determinando el futuro. Como en todo proceso de desarrollo, han existido también etapas de estancamiento e incluso de retroceso; períodos oscuros que, sin embargo, han desembocado en una deslumbrante luz, ese fue el caso del renacimiento.

Así el ser humano ha avanzado, a veces con pasos lentos y otras veces con pasos agigantados. La medicina, la ingeniería o la tecnología han tenido caminos distintos pero estrechamente entretejidos. Sin embargo, no tan lejano a estas enormes ciencias esta el pensamiento, que ha regido ideas y creencias y que ha contribuido a la evolución, convirtiendo el mundo en un abanico de diversidad en continua construcción.

Parte esencial de esta evolución fueron las religiones; durante muchos siglos, la tierra estaba poblada por tribus que tenían religiones paganas, no era sólo politeísmo, era darle a las fuerzas naturales un valor divino, el dios del sol, de la lluvia o del trueno son protagonistas importantes en las religiones paganas, y se les atribuía tanta divinidad, que se les rendía culto con un fervor total; un culto que los mismos dioses necesitaban para asegurar su continuidad; idea que nos puede resultar sorprendente, pues en la teología actual, la deidad es completamente independiente, pero en las culturas paganas no era así, en el paganismo los dioses emergían del reino de la naturaleza, del cual dependían para subsistir.

Aquellos dioses tenían también una historia personal, cada uno nacía y evolucionaba de distinta manera, abriendo con esto una mitología teológica inmensa y compleja. Otro punto a destacar dentro de las religiones paganas es que los dioses no eran perfectos, tenían instintos sexuales, impulsos pecaminosos, defectos y cualidades; nada parecido a la perfección teológica que hemos aprendido en la escuela, de hecho, había en los dioses paganos tanta dependencia y tanta imperfección que eran superados por los poderes de la magia, ingrediente esencial en las religiones paganas.

Pero de pronto una revolución ideológica llegó, sosteniendo como premisa que sólo existe un Dios, pero como bien lo menciona Yehezquel Kaufmann, filósofo y erudito bíblico, no todo se reduce al concepto aritmético, es decir, la idea revolucionaria no sólo consistía en que existía un solo Dios, sino que además, éste era todo poderoso, omnipresente y el gran creador.

Jan Assman, egiptólogo alemán, sitúa este hecho en el tiempo y escribe:

“En algún momento en el curso de la antigüedad, entre la edad de bronce tardía y la antigüedad clásica tardía, se produjo un giro que ha determinado el mundo en el que vivimos actualmente de manera más decisiva que cualquier transformación política, se trata de la transición de las religiones politeístas a las monoteístas. “

Assman da un paso más al decir también que uno de los aspectos del monoteísmo más revolucionario, es que separa al Dios verdadero categorizando a todo lo demás como falso.

Si el monoteísmo surgió proveniente de una larga evolución o sí nació de una generación espontánea es un debate que podría no tener final, lo que es un hecho, es que la idea de un solo Dios revolucionó al mundo causando, desde mi punto de vista, un gran paso hacia la civilización. Tal parece que vamos por el camino correcto; pues hoy que los fenómenos naturales están científicamente explicados, sabemos que la lluvia o el sol no son un Dios, y que si queremos creer en un Dios no sería en los fenómenos naturales, sino, más bien, en la fuerza que los creó.

El paganismo, su magia y sus ritos, hoy forman parte de un mundo muy antiguo, sus propuestas ideológicas no han resurgido, mientras que las religiones monoteístas ganan adeptos y han sobrevivido al milenario paso del tiempo.

En el monoteísmo, Dios no nace, no tiene ascendencia o descendencia, no depende de nadie, es omnipotente, no nace ni muere, y para todas las preguntas que en el siglo XXI aún no se contestan ÉL es la respuesta; por lo menos, esto es lo que creen millones de seres humanos en este planeta, pues para un judío, cristiano o musulmán, la idea de que sólo existe un Dios es una absoluta verdad, y esa es la idea en la que cree la mayor parte de la humanidad.

 

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