ABRAHAM LEVY, DE ESPAÑA A CANCÚN REMANDO

Abraham Levy, de España a Cancún remando.

Por Nadia Cattan

Remar desde España hasta Cancún puede parecer una locura, sin embargo, no hay reto imposible cuando existe determinación y la necesaria preparación. Abraham Levy, es un ejemplo de ello, pues después de una largo proceso de estudio y entrenamiento, logró realizar una extraordinaria expedición. Así, completamente solo, sin ninguna embarcación cuidándolo, se adentró en el mar de España, remó por 105 días, avanzó 9,000 km y llegó a Cancún.

Por más insólito que parezca es verdad, y hoy, Abraham Levy le platica su experiencia a Monte Sinai.

 

Abraham, ¿cómo surge el interés de hacer remo?

 

Cuando tenía 26 años vendía celulares de puerta en puerta y la verdad, me aburría mucho, eso no era lo que me llenaba, así que decidí luchar para hacer lo que a mi me gustaba y empecé un proyecto para recorrer las costas de México.

Rodeaste las costas mexicanas durante 13 meses, ¿Cómo describes esa experiencia?

Increíble, esto fue en el 2008, pude conocer un lado de mi México que no conocía, fueron 11,000 kilómetros en kayak y los paisajes que tuve la oportunidad de ver fueron maravillosos. Al yo llegar a las playas remando y no en velero u otro tipo de embarcación me permitió que todos los pescadores y lugareños me recibieran como a uno más de ellos, y eso fue increíble, éramos parte del mismo gremio. Disfrute mucho conocer a tanta gente que me hizo sentir como en casa.

También disfrute mucho ver diferentes animales, llegué a ver lobos marinos, atunes, manta rayas, tiburones, tortugas, peces voladores y cuando acampaba veía víboras de cascabel, escorpiones y bueno, infinidad de animales.

En todos estos lugares puedes ver la grandeza de Dios, sin duda Él es el piloto del universo, cuando estás ahí, en medio de tanta belleza, no te cabe la menor duda de que existe un Dios.

Lo disfrute mucho, me gusta la naturaleza porque me gusta despegarme de lo material, del consumismo que tiene esclavizado al ser humano. Yo soy un poco nómada, no me gusta establecerme en ningún lugar de forma fija porque creo que el planeta tiene muchos lugares hermosos y permanecer en un solo lugar es un desperdicio.

Abraham, Cruzar el Atlántico remando parece un reto imposible, ¿Cómo te preparaste para ello?

Quise hacer una ruta parecida a la que hizo Cristóbal Colon. Salí del Puerto de Palos, en España y llegué a Cancún, fue una expedición maravillosa aunque su planeación no fue fácil. Tuve muchas negativas de los patrocinadores, pero me metí en la cabeza que había un como y que lo tenía que encontrar. Hay algo que dijo Thomas A. Edison que me gusta mucho: “No me equivoque mil veces, más bien descubrí mil cosas que no funciona”. Respecto al estudio tuve que tener una preparación en oceanología para conocer y diferenciar los vientos y las corrientes del mar. Yo solo me puse a estudiar.

Cuándo alguien se adentra en la inmensidad del mar, ¿Qué objetos son necesarios para una navegación segura?

 

Aunque la embarcación es pequeña, dispone de lo ultimo en diseño naval, ese lugar se convirtió en mi casa en dónde yo dormía, comía y remaba.

Llevé mi GPS, el cual me es indispensable para saber mi ubicación, llevo también teléfono satelital a prueba de agua y golpes, un radio VHF que no debe faltar nunca para cualquier embarcación, un PLB que es un aparato especial para pedir auxilio en caso necesario, llevé de cada aparato 2 iguales, porque eso de “se me descompuso” en medio del mar, pues no sería buena opción. Para alimentarme subí a la cascarita más de 700 kilos de alimentos deshidratados, y aun así baje 20 kilos en el viaje. Para poder tener agua potable embarqué 2 desalinizadoras, pues tomaba 10 litros de agua diariamente. Es verdad que voy solo y estoy a expensas de todo lo que llevo en la embarcación, pero también tenía en tierra todo un equipo de expertos que me informaban en tiempo real las condiciones meteorológicas y me brindaban todo tipo de apoyo aunque sea a la distancia.

105 días es mucho tiempo para estar en medio del océano. ¿Con que dificultades te encontraste durante el viaje?

 

Bueno, la más importante fue una tormenta que me tocó y que duró como 6 días, eran olas muy altas, tanto que mi embarcación se volteó por unos segundos, pero gracias a su ingeniería la embarcación tiene la capacidad de volver a su posición normal si esto sucede. En esos días me metí en mi cuartito para dormir, me amarre los cinturones y me puse el casco para no golpearme, era como estar en un juego mecánico por 6 días continuos.

En otra ocasión, la corriente me estaba llevando a una zona rocosa y tuve que remar 48 horas para no estamparme contra las rocas, fueron 48 horas de estar remando muy agotadoras, pero la adrenalina te da una fuerza especial. Y bueno, otro detallito difícil con el que me topé es que se me descompusieron mis tanques de gas y no pude comer comida caliente durante poco más de 2 semanas, ahí la pase mal porque comer esa comida fría era horrible.

¿Tuviste miedo de morir durante la tormenta?

 

En vez de pensar en la muerte traté de concentrarme, había hecho muchas cosas y esperaba que todo lo que había preparado funcione para salir bien librado de esa tormenta, también repasaba mentalmente todo lo que tenía que hacer sí algo fallaba. Por otra parte quiero decirte que no me da miedo morir, más bien me da miedo llegar a viejo y no haber hecho lo que me gusta, para mi, cuidar mi vida es vivir haciendo lo que me gusta.

 

¿En algún momento pensaste en pedir ayuda?

No, me preparé mucho para esa expedición y nunca llegó el momento en el que sentí la necesidad de pedir ayuda. Además, debes tener un sentido de responsabilidad porque yo quise y yo elegí hacer ese viaje pero al pedir ayuda expones a alguien más a someterse a esas difíciles circunstancias, fui consciente de que no quería arriesgar la vida de otra persona.

Por otro lado, el pedir ayuda no significa que te encuentren, porque solicitas auxilio con un aparato que dura 48 horas encendido, si no te encuentran dentro de esas 48 horas las posibilidades de que te encuentren bajan, llevaba 6 bengalas pero incluso si la ayuda esta muy lejos las luces no se ven, también llevo teléfono satelital pero todo depende baterías. Lo que pasa es que expedición en solitario es asumir la responsabilidad de tu propia persona.

 

Abraham, cuando se quiere se puede y tu eres un ejemplo de ello.

No me siento un ejemplo, sólo sé que los límites se los pone uno mismo. Ahora quiero inspirar a otras personas a que luchen por sus deseos por muy difíciles que parezcan, por esa razón estoy dedicándome a dar conferencias. Es chistoso porque antes mi discurso era el mismo pero nadie me pelaba, pero ahora después de esta expedición como que ya me escuchan más. Quiero mostrarle a las personas que se debe de luchas por lo que uno quiere, si sabes a dónde vas y remas todos los días apuntando hacia allá, con cada movimiento que des, estarás más cerca.

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