Una llamada de extorsión

Una llamada de extorsión.

Era un lunes de mayo del año 2008. Mi papá y mi mamá trabajaban juntos y solían ir y regresar al trabajo al mismo tiempo, sin embargo, ese lunes fue diferente. Mi papá regresó un poco antes de lo usual a la casa, y en lo que parecía ser una tarde cualquiera se dispuso a ver la televisión.

De pronto el teléfono sonó, y al estar mi papá solo no tuvo otra opción que contestar. La llamada tenía intenciones de extorción. Al otro lado de la línea sonaba la voz de una mujer que fingía estar secuestrada y que con un llanto desesperado suplicaba que la salvaran. Mi papá creyó que la aterrorizada secuestrada era yo, y que esa era mi voz.

Angustiado y casi a punto de perder el control sobre si mismo, mi papá trataba de seguir las instrucciones de los extorsionadores. Tal como se le ordenó, se apresuró a poner dinero en efectivo en un calcetín y cuando estaba a punto de salir de la casa para entregar lo solicitado por los delincuentes mi mamá llegó. Al encontrarse con la descontrolada situación, tomó el teléfono, escuchó las amenazas y groserías de los “supuestos secuestradores” y simplemente colgó. Le llamó a mi hermano, quien con una simple llamada confirmó que yo estaba perfectamente bien.

Al saber que todo estaba en orden mi mamá y mi hermano trataban de tranquilizar a mi papá. Aun aturdido por el mal rato que había pasado, él pedía acostarse en la cama para descansar, pero mi hermano estaba preocupado y consideró más seguro llevarlo al hospital. A mí me pareció un poco exagerado, pero valdría la pena ir si eso tranquilizaría a toda la familia.

Llegué yo al hospital y encontré a mi papá en un cubículo de urgencias, me estremeció darme cuenta que la nobleza y la inocencia que tanto lo caracterizaban, esta vez le habían hecho pasar una mala jugada. Hablé con él y le dije que me mirara para que se asegurara que yo estaba bien, pero casi no podía hablar, su dolor de cabeza era insoportable.

Le tomaron la presión, que estaba notablemente alta, así que el Doctor prefirió una resonancia. Yo guardaba la calma, siempre he creído que los seres humanos más sabios son los que se mantienen tranquilos aún en los peores escenarios. Además, no estaba del todo preocupada, había sido sólo el susto. ¿Qué más podía ser?

Se lo llevaron para realizarle los estudios pertinentes y tan solo una hora después el médico nos dijo: “La presión le subió demasiado y le provocó un derrame cerebral; ya no hay nada que hacer”.

¡No lo podía creer! ¡Tenía que ser una broma! ¿Por qué el Doctor era tan tajante? ¿Por qué nos había dado un diagnóstico tan radical? Y así, de pronto el pensamiento más ilógico y tonto llegó a mi cabeza: “Esto pasó por haber venido al hospital, de no haber venido el Doctor no nos estaría diciendo esto”. Cuando reaccioné que mi razonamiento estaba siendo totalmente absurdo ya nos encontrábamos observando las radiografías de la resonancia, el Doctor nos hablaba pero daba lo mismo lo que estuviera explicando, pues desde hace varios minutos ya no lo estábamos escuchando…

A partir de ese momento, todo fue traslados de hospitales, cambios de médicos, cirugías y complicaciones; finalmente, a un mes de haber contestado esa llamada telefónica mi papá murió.

Han pasado nueve años desde su partida y aunque sé que no hay muertes felices, nunca creí que así sería la despedida. Cuando mi papá daba sus últimos respiros lo sostuve en mis brazos y sólo pensaba que el amor que sentía por mí quedó trágicamente demostrado, pues la terrible idea de que algo malo me hubiera pasado, lo había matado.

Sin embargo, la intención de este artículo no es sólo contar una historia triste, sino pedirte que hables con todos y cada uno de tus seres queridos para explicarles que estas llamadas existen, y que si nos llegara a pasar, lo primero que tenemos que hacer es colgar, verificar que nuestro familiar está bien y mantener la tranquilidad. Es importante que todos los miembros de la familia estén advertidos, incluso los ancianos y los niños; sé que es mejor platicar con la familia de temas más agradables y sé también que todo esto puede parecer información obvia y hasta irrelevante, pero ¿sabes? las voces llorando y suplicando ayuda al otro lado del teléfono pueden parecer verdaderamente reales.

No limitemos la información y la prevención. Yo creí que mi papá ya sabía sobre la existencia de estas falsas llamadas, así que nunca le advertí nada, hoy sé que fue un error.

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