ÉXODO, LA LUCHA Y LA DETERMINACIÓN

 

1945, la Segunda Guerra Mundial había terminado y el pueblo judío se encontraba contabilizando los daños de su propio Holocausto: Seis millones de judíos fueron aniquilados, pero de aquellos terribles campos de exterminio habían sobrevivido 250,000 judíos, de entre los cuales había 40,000 niños.

Reubicados ahora en campos de desplazados, miles de sobrevivientes comenzaron a buscar de nuevo, un comienzo.

No sólo era Hitler y su nazismo quien los había golpeado, una gran parte de la población europea había sido testigo mudo del masivo asesinato, así que los judíos sobrevivientes sólo podían visualizar su futuro en Eretz Israel, su tierra ancestral, pues durante más de 20 siglos, el antisemitismo había demostrado que se requería una nación para el pueblo judío.

Sin embargo, desde el final de la Primera Guerra Mundial, aquella tierra prometida de la que tanto hablaba la Biblia se encontraba bajo mandato británico, un mandato que desde 1939 había limitado estrictamente la inmigración judía. Estas políticas migratorias tuvieron consecuencias desastrosas, pues impidieron que millones de judíos, se salvaran de la maquinaria de muerte que fue el nazismo.

Sin familia y con la vida destruida,  a los sobrevivientes del Holocausto les quedó claro que Eretz Israel sería el único lugar en donde podían reconstruir sus vidas. Ahí, ya se encontraba una comunidad judía que llevaba prosperidad a toda la región, así que establecerse  en aquella colonia británica se convirtió en la única y más importante determinación. En este contexto, el barco Éxodo, es ejemplo de lucha, coraje y la más firme convicción.

En 1947, la Haganá compró un barco viejo, la venta parecía no tener nada de especial, pero el objetivo era utilizar esta embarcación para transportar a miles de judíos. La meta era llegar a Palestina, pues ahí, no sólo los esperaba una comunidad judía ya establecida, sino una oportunidad para reconstruir sus vida.

El barco comprado tenía el nombre de “President Warfield” y había sido botado en 1928, sus casi 2 décadas de uso rudo lo tenían convertido en una chatarra sobre el mar, sin embargo,  aquel barco viejo y maltratado sería un fiel testigo, testigo de uno de los hechos más trascendentales para el pueblo judío.

El 11 de julio de 1947 el barco zarpó del puerto de Sete, en Francia, con 4,545 pasajeros a bordo. Ike Aronovich era el Capitán y Yossi Harel el comisionado de la Haganá. La misión de llegar a Palestina y descender ahí a todos sus pasajeros, los invadía de ilusión, incertidumbre y miedo.

Dentro de la embarcación se podía escuchar varios idiomas, inglés, francés, alemán, húngaro, polaco o italiano; sin embargo, esa diversidad de nacionalidades compartía el mismo pasado, y a pesar de que eran miles de personas hacinadas en un barco viejo y pequeño, utilizaban el tiempo en cantar y en aprender Hebreo.

Así pues, el momento esperado estaba llegando, el barco Éxodo se acercaba a su destino final, pero a 40 kilómetros de la costa 3 buques ingleses lo interceptaron y a pesar de que el barco lleno de inmigrantes todavía se encontraba en aguas internacionales, los buques ingleses iniciaron un ataque.

La escena fue devastadora, 3 de los pasajeros del barco éxodo murieron y un centenar quedó herido, pero ese, era sólo el inicio.

Rápidamente, las escenas llamaron la atención de la comunidad internacional, pues aquellos pasajeros eran mucho más que unos inmigrantes ilegales, eran sobrevivientes del Holocausto, por lo que más que ser un tema político, era un tema profundamente humano.

Después del ataque los británicos fueron duramente criticados, y posteriormente el barco fue remolcado. La costa de Haifa se convirtió en el nuevo escenario. Los pasajeros fueron trasladados a 3 buques ingleses, pues después de dos exhaustivas semanas, la totalidad de los pasajeros sería devuelta a Francia.

Así pues, el barco llegó a Toulon, donde de los más de 4,000 pasajeros, sólo desembarcaron 59 ancianos y enfermos, el resto de los pasajeros se negaron a desembarcar, tenían muy claro cuál era su objetivo y no accederían a bajar en ningún otro lugar.

Pese a las pésimas condiciones de higiene los pasajeros se quedaron e hicieron huelga de hambre bajo un calor de 50 grados, muchos de ellos enfermaron, estaban hambrientos, exhaustos y aún así no desembarcaron.

Ante este hecho, las autoridades francesas se negaron a utilizar la fuerza para desembarcar a los pasajeros. Con la mirada internacional puesta en aquel barco de sobrevivientes judíos, el gobierno francés prefirió no proceder con acciones que provocaran críticas y comentarios negativos, pues el mundo entero miraba atento. Aquellos pasajeros eran las víctimas no sólo de Hitler y de sus cámaras de gas, sino de un mundo entero que les había cerrado las puertas negándoles el derecho a la vida y a la libertad. El caso del barco Éxodo tocaba un gran dilema moral.

Ante la negativa de los pasajeros a desembarcar, el 21 de Agosto el gobierno británico estableció un ultimátum:

“Es imposible que los barcos británicos estén por tiempo indefinido en aguas francesas, por lo que se ha decidido que los judíos que no desembarquen antes de las 6:00 de la tarde del 22 de agosto, el barco partirá a la zona británica en Alemania”.

Habían transcurrido días de valiente resistencia, pero finalmente, el 30 de agosto los barcos emprendieron el viaje hacia Alemania. 4,500 pasajeros, estaban siendo obligados a regresar al mismo país que había perpetrado para ellos un Holocausto. Ahí, en Hamburgo, fueron llevados a Poppeldorf, un campo de concentración nazi que ahora estaba siendo utilizado como campo de refugiados.

Después de 30 años de un mandato lleno de complicaciones, al imperio británico le quedó claro que aquella región de Medio Oriente comúnmente conocida como Palestina representaba una situación difícil de controlar.

Meses después de que el barco Éxodo fuera devuelto a Alemania, Gran Bretaña entregó el tema de Palestina a las recién creadas Naciones Unidas, donde después de una votación, los judíos lograron su pequeña, pero independiente nación.

Decenas de barcos repletas de refugiados llegaron en los años siguientes, lo que siguió después fue la construcción de un Estado próspero y fuerte, pues historias como la del barco Éxodo quedaron escritas en la historia judía, influyendo en el trabajo y en la actitud de cada día, pero sobre todo, tatuando un episodio más de lucha, en la memoria colectiva.

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